Sexo y cohetes

En su línea de dar a conocer personajes tan interesantes como olvidados (Polly Adler, Egmont de Bries, Gloria Laguna, etcétera), nuestro buen amigo Javier Fernández Rubio acaba de publicar dentro de la colección Altoparlante el libro Sexo y cohetes. El mundo oculto de Jack Parsons, de John Carter, con una introducción de Robert Anton Wilson (uno de nuestros gamberros psiquedélicos favoritos).

En su corta vida, 37 años, John Whiteside “Jack” Parsons encarnó varios roles diferentes en una vida atormentada pero gloriosa. Durante el día, el genio poco ortodoxo de Parsons creó un combustible sólido para cohetes que ayudó a los Aliados a ganar la Segunda Guerra Mundial y con el que la NASA envió naves espaciales a la Luna. Cofundador de Jet Propulsion Laboratory y Aerojet Corporation, un cráter lunar fue nombrado después con su nombre. Por la noche, Parsons se llamó a sí mismo ‘El Anticristo’ cuando realizaba los rituales de Aleister Crowley para crear un nuevo tipo de ser humano que finalmente destruiría el Cristianismo. Jack Parsons murió repentinamente en una enorme y misteriosa explosión que aún hoy no se ha esclarecido.

Una nueva apuesta de El Desvelo Ediciones por la que desde aquí nos inclinamos.

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Viaje hacia la luz

Desde aquí queremos apoyar la campaña de crowdfunding puesta en marcha para financiar la película documental Sender Barayón. Viaje hacia la luz, de Luis Olano

 

En abril de 2014 Luis Olano tuvo la suerte de conocer a Ramón Sender Barayón, en su casa de San Francisco. Ramón es un niño de la guerra civil española, exiliado a los Estados Unidos con su hermana Andrea y su padre.

Su madre, Amparo Barayón, había sido ejecutada sin juicio por las autoridades franquistas que también habían asesinado a su hermano en su Zamora natal. Su crimen fue ser una mujer moderna y emancipada, y estar casada con el escritor revolucionario Ramón J. Sender.

El novelista nunca quiso dar detalles a sus hijos sobre la forma en que murió Amparo. No fue hasta la muerte de su padre, a principios de los ochenta, cuando Ramón regresó por primera vez a España para reencontrarse con sus orígenes, recuperar la memoria de Amparo Barayón y averiguar las circunstancias que rodearon su trágica muerte.

Intuimos que quizá ese hecho fue el que, de forma inconsciente, impulsó su vida: alejarse lo más posible de la caverna española y viajar al escenario más luminoso, más solar; el de la California de los años sesenta.

La vida de Ramón fue realmente intensa: pionero de la música electroacústica y gurú de la contracultura; una de las primeras personas en manejar un sintetizador, el Buchla 100; promotor del acontecimiento fundacional del movimiento hippie, el Trips Festival de San Francisco, y miembro fundador de una de las primeras comunas rurales hippies, el rancho Morning Star.

La película documental Sender Barayón. Viaje hacia la luz ha sido fruto del trabajo de varios años y solo ha sido posible gracias a la enorme generosidad de Ramón y la colaboración de muchísimas instituciones y personas —algunas quizás estéis leyendo esta carta—, a las que tenemos que agradecer su espíritu comunitario, por abrirnos sus archivos y permitirnos ilustrar la fascinante historia de Ramón con fotos, dibujos, películas, sonidos y músicas.

Ramón es un narrador excelente y un testigo excepcional de algunos de los momentos históricos claves para entender el siglo XX. Por ello, su testimonio filmado es un documento de enorme valor.

Además cuenta con materiales de archivo muy especiales, como las películas documentales experimentales Revolution (Jack O’Connell, 1968) y San Francisco Trips Festival: An Opening (Ben Van Meter, 1966); la grabación de uno de los hitos de la historia moderna de la tecnología, conocido por los frikis de la informática como “la madre de todas las demos”; el famoso discurso de Steve Jobs en Stanford en 2005; y, por supuesto, una banda sonora formada por composiciones originales de Ramón Sender Barayón de los años sesenta, canciones de la escritora y cantautora Alicia Bay Laurel, y piezas de Albéniz interpretadas al piano por José Iturbi.

¡Que nadie se la pierda!