Sobria ebriedad

En la edición de El Mundo de Baleares, Román Piña Valls ha escrito una columna “en vena” a propósito de la publicación del libro Confesiones de un filósofo desaparecido en combate, de Enrique Ocaña, en el que también se refiere a nuestro común amigo el fallecido poeta Miguel Ángel Velasco.

Piña aprovecha el artículo para decir “NO” a las drogas. Y no sólo a las drogas, sino a la información y a la educación sobre las mismas. Desde luego, no ve ninguna ventaja en las experiencias transmitidas en este sentido.

Sin embargo, he de decir que, en mi caso, la lectura de la novela autobiográfica Yonqui, de Williams Burroughs, hacia finales de los 70, no obró ningún efecto inductor, sino más bien disuasorio. Y conozco otros casos similares al mío, como el de mi buen amigo Alejo Alberdi.

Algunas personas, alejadas de toda moralina y del fetichismo de la abstinencia, seguimos preconizando que alcanzar un estado de sobria ebriedad es posible… y hasta deseable.

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